Adios a Mari Carmen Antonaya

 

El 4 de octubre de 2012, murió Mari Carmen Antonaya. Mi recuerdo de Mari Carmen, a pesar de habernos conocido, estará siempre mediatizado por las palabras de Antonio: “le diré a Mari Carmen”, “dice Mari Carmen”. Era una persona buena, noble y eficaz, una rara combinación que solo adorna a unos pocos seres humanos. Cuando hablé con ella, hace unos meses, para solicitarle una entrevista con Luis Zaragoza, me dijo de Antonio: “yo le quería como a un hijo”. No sé como describirían Mari Carmen y Antonio la relación que ellos establecieron; yo recuerdo un vínculo limpio y leal, como el que disfrutan las personas francas, las personas que saben querer y son queridas, las personas que saben compartir la vida empáticamente, sencillamente, confiadamente. Ayer en el tanatorio, Jose Luis Godoy, su marido, Mari Carmen Ranz, su verdadera hermana y muchos amigos y compañeros le dijimos adiós. Parece mentira, el día 3 de junio celebraba con nosotros la presentación del libro sobre Antonio en el Ateneo de Madrid. Se emocionó con sus fotos y lloramos juntos un rato, pero también pudimos despedirnos de alguna manera. Gracias a Mari Carmen Antonaya y a las personas como ella, el mundo es más amable, más humano.

Rosa Lucerga

3 comentarios en “Adios a Mari Carmen Antonaya”

  1. Conchita García Gálvez dice:

    Yo he tenido la gran suerte de pertenecer al equipo de ambos, en la “Organización” que ellos tanto querían, y también tuve la suerte de estar con ambos el pasado día 3 de junio, en ese acto celebrado “a la memoria de Antonio”, sí con ambos, con él, porque todo el acto estuvo impregnado de su presencia, y con ella, saludando a la gente que después de tanto tiempo se acordaba de Mari Carmen, esa persona entrañable que leía tan bien los textos para los ciegos, la misma que fue capaz de formar en torno a Antonio, un equipo que, después de 25 años, se sigue queriendo, que está ahí para cuando cualquiera de nosotros nos necesita, que aunque desgraciadamente se ha visto mermado, espero que siga siendo el “equipo de Antonio y de Mari Carmen”.
    Mari Carmen, descansa en paz, y si ya has podido ver a “nuestro Jefe”, espero que desde donde estéis nos sigáis ayudando a seguir siendo esas buenas personas que os esforzábais en formar cuando estábais aquí con nosotros, con vuestra experiencia y vuestro cariño.

  2. Dolores Marín Castillo dice:

    Se me hace difícil resumir en palabras mis sentimientos hacia Mari Carmen. Cómo expresar lo acogida que te hacía sentir cuando llegabas a un espacio tan especial como el Consejo General. Cómo decir lo dentro que se iba metiendo al pasar de los días. Siempre dispuesta. Con un respeto hacia la ceguera y discapacidad visual que muchos para sí querrían. Creo que lo que siento y he sentido por ella ha sido mucho cariño. La echaremos muchísimo de menos y lo único que me consuela es saber que en su vida y con sus contradicciones, fue una mujer feliz. Vivió y murió como lo que siempre fue, una gran señora. Todo mi cariño también para Mari Carmen y para José Luis. Aquí estoy si en algún momento os puedo servir en algo. Con mi profundo cariño y donde estés… Descansa en paz. Te quiero, Mari Carmen. Loles.

  3. Pedro Zurita dice:

    Muy querida Mari-Carmen:

    Cuando el jueves pasado, 4 de octubre, Rosa Lucerga me comunicaba que tú también nos habías dejado sentí una tristeza muy profunda. Evoqué en esos momentos la alegría recíproca que sentimos el pasado 3 de junio en el Ateneo cuando con tu José Luis Godoy vinisteis a saludarme. Estábamos entonces preparados para el acto de presentación del libro dedicado a nuestro queridísimo Antonio Vicente Mosquete.
    Últimamente nos veíamos pocas veces, pero esos encuentros a los dos nos agradaban.

    Cuando en 1968 empecé a colaborar con el entonces Jefe nacional de la ONCE, Ignacio Satrústegui, tú estabas en su secretaría particular y pronto establecimos una relación muy positiva. Leía alguna vez los libros que tú copiabas para la Biblioteca Braille y a menudo intercambiábamos guiños cómplices sobre personas próximas y hechos. Tú continuaste allí con los sucesivos jefes nacionales.

    Cuando en 1982, tras la inauguración del Consejo General democrático, Antonio percibió enseguida que podía contar contigo, tú no sentiste dificultades para convertirte en su secretaria general adjunta. Asimilaste perfectamente el cambio substantivo que se producía entonces en la ONCE. Supiste contribuir de veras a ese ambiente renovador y respetuoso con lo bueno que heredábamos.

    Como a muchos de nosotros, Antonio te ganó. Reinaba en José ortega y Gasset, 18 un ambiente armónico de trabajo y amistad entre todos los que por allí pasábamos y a partir de un momento determinado estuvimos trabajando en ese edificio. Tú pusiste muchos granos de arena en la formación de ese entorno.

    El 3 de junio de 1987 cuando Antonio nos dejó perdimos todos muchísimo. A partir de ese momento, las cosas fueron cambiando rápidamente. Tú, Mari-Carmen, permaneciste fiel a aquellos sentimientos iniciales.

    En alguna forma, seguiremos estando tan próximos como en los últimos cuarenta y cuatro años.

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