PARA EL POLVO, PARA EL VIENTO Y PARA LA CENSURA. (CAMBIO ONCE 1980)

Hasta ahora hemos hablado para el polvo y para el viento; a partir de este número, ampliamos la clientela: Hablaremos también para la censura. Alguien lanzó la consigna: “cerco al Serco”; todo un síntoma.

LA FUERZA DE LA INCONSCIENCIA

Los últimos compases del curso político completaron la impresión de que el cambio por el que algunos pocos luchan está todavía lejos en la ONCE. En efecto, el que el llamado “frente para la democratización” no consiguiera formalizarse ni despertar interés en más de una docena de provinciales; el que sólo respondieran a la convocatoria de los compromisarios un número mínimo de personas tranquiliza y confirma toda una ejecutoria. De hecho, la Jefatura parece que ha pasado las vacaciones más sosegadas de hace varios años, porque, por si fuera poco, el Ministerio, al parecer, ha dado a los responsables de la Entidad ciertas garantías de que no habrá salidas traumáticas en la ONCE, si es que hay salidas. Por la confianza recuperada, debieron entender que no habría mayores cambios ni mayores relevos, que es lo que importa.

Luego está lo del impuesto. Si el Boletín Oficial consagra la deducción de 45000 pesetas en la declaración del impuesto sobre la renta, se podrá decir que el ejemplo mancomunado de Jefatura y Compromisarios, éstos para justificarse y mantenerse, aquella para mantenerse y justificarse, la cosa es que esos esfuerzos habrán dado sus frutos. Y el caso es que, aunque externamente se parezcan, son muy diferentes los móviles de una y de otros. Mientras que en el fondo de la actuación de la Jefatura late un tal instinto de conservación no exento de demagogia al conseguir satisfacer a los vendedores  -en algunos momentos se ha llegado a hablar exclusivamente de ellos como beneficiarios de la deducción-, en el caso de los compromisarios parece más bien tratarse de un intento bienintencionado de conectar con las verdaderas preocupaciones de la base, que indudablemente son más monetarias que políticas. Sólo un pero: que esa no es su misión; que su función, por muy voluntariosos que sean, no es otra que la de lograr una estructura más democrática y participativa en la ONCE, y si no lo logran, irse.

Sea como fuere y tal vez sin que nadie haya pensado en serio sobre las consecuencias jurídico-laborales que puedan derivarse de esta nueva bicoca, el hecho es que la deducción anunciada refuerza la imagen de la Jefatura entre amplias capas de afiliados y dificulta aún más el proceso de cambio.

Sin embargo, y aceptando que nos encontramos en un periodo de franca involución en el país, la cosa no está ni mucho menos tan clara ni tan firme como nuestras jerarquías parecen creer.

En primer lugar, el hecho de que ante cualquier realidad crítica o reivindicativa, en las altas   esferas no se preocupen más que de llevar la contabilidad, sin entrar en el contenido ni en los móviles, el hecho de que el máximo responsable de la Entidad asombre a propios y a extraños diciendo sin rebozos que la ONCE es democrática porque muchos de sus dirigentes fueron vendedores; el que la voz que replica en el Boletín complete con el parangón entre la ONCE y los ferrocarriles su larga lista de aciertos político-literarios; esa otra película esperpéntica que no hace más que  desencajarse cada día, prueba que la continuidad de las mismas personas y del sello que imprimen a la Institución, puede darse a corto plazo por la misma marginalidad del tema, pero es absolutamente descartable a medio plazo.

En segundo lugar, porque la apatía y la inercia de la gente puede mudarse cualquier día inesperadamente, y eso sí, el signo del cambio sólo puede ser uno,  Porque una cosa deberían tener claro en las altas esferas: con el Frente o con los compromisarios se encierran pocos; por la Jefatura, nadie.

En tercer término está el contexto. Difícilmente las personas se pueden sustraer a la influencia de su entorno. La geopolítica de los bloques decide el lugar de cada país; influye en el resultado de las elecciones generales. Lo que diga Nixon, lo que le convenga a la ITT, tiene mucho que ver con el momento en que los españoles libremente queramos la democracia. Pues bien, la ONCE, por cierto hija demasiado parecida a su padre, de una circunstancia muy concreta, es por su estructura actual, su misma línea asistencial, absolutamente incompatible con el contexto socio-político hacia el que muy lentamente vamos. En una democracia consolidada, en una nueva estructura asistencial, somos inhomologables. Ahora bien, la influencia segura del medio hay que prevenirla y sólo se puede combatir desde la actuación inteligente. Desde la pasividad, el inmovilismo y en ocasiones la demagogia, no es de extrañar que un día desde fuera nos hagan llevarnos las manos a la cabeza.

En cuarto lugar, porque el oportunismo de los UCD, que es su nota esencial, ha dejado paso tras las elecciones a una especie de reencuentro con los amigos de muchos años y con sus ideas de varios lustros. Pero hay que temer que el oportunismo reaparecerá en cualquier momento, por ejemplo, cuando interpele el PSOE. Seguro, cuando se aproximen las elecciones. Y en última instancia, no hay mal que cien años dure, aunque siempre se me podrá decir que ya hubo alguno que duró 40.

 Por todo lo anteriormente expuesto, a sus ilustrísimas   prevendría de lo movediza de esa su firmeza de hoy, de lo irresponsable que es ese su inmovilismo de siempre, de lo peligrosa que puede resultar la fuerza de la inconsciencia.

Nota.-

 Artículo trascrito de una grabación en voz de A. V. Mosquete, situado en cinta casete titulada por él: “arts. Serco”, junto a otros artículos suyos, publicados también en la misma revista.